Un hombre desnudo aparece arrodillado en el suelo mojado de un pasillo de celdas, con las manos esposadas, cadenas cruzándole el torso y una correa o mordaza negra cubriéndole la boca y parte de la cara. Alrededor de él hay cuatro agentes uniformados con gorras y placas, inclinados hacia su cuerpo mientras uno le sujeta la cabeza y los otros apuntan o presionan porras contra el pecho, el abdomen, los muslos y la zona del pene. La escena tiene un tono de dominación, humillación y sometimiento en un entorno carcelario, con barrotes metálicos, suelo húmedo y luz fría de prisión.