Escrit per: MasterJuan
Capítulo Decimotercero
Los días siguientes fueron intensos, con largas permanencias en la clínica donde estaba internado el padre.Sedado y estable, pero sin mejoras significativas. Hubo que realizar varias operaciones y los médicos fueron reservados en los pronósticos, para angustia de Bautista. Blas no sentía gratificación, sino que algo de alivio y también preocupación: no quería un desenlace fatal antes de tener yodo atado.
Los equipos gerenciales y de asesores del padre consultaban solo formalmente con bautista, incapaz de tomar decisiones sobre los negocios. En la práctica era el mejor amigo del padre, que cumplía funciones como gerente en la empresa matriz quien tomó las riendas del negocio y en un giro de realidad y pragmatismo, prefería contarle los hechos relevantes a Blas, quien era el más claro y visionario de los hermanos.
Blas no hacía nada excepcional ni fuera de los límites, pero era evidente que era el único con voluntad y decisión: todos ya lo sabía, pero él no abusaba de aquello, más bien se retiraba, porque no quería que eso le pasara cuentas más adelante. Sabía que el padre saldría de ese trance y ahí si no tendría piedad de él si se enteraba de algún exceso de su hijo no deseado.
Contención, mesura, autocontrol: atributos que Blas trataba de poner en práctica en estos días aciagos para la familia y de cuasi gloria para él.
Pero el ejercicio de estas conductas que le significaban una considerable fuerza de voluntad, Blas los acompañaba con una búsqueda ansiosa y frenética de sus inquietudes morbosas y de un creciente fetichismo.
Aprovechándose de su acceso ilimitado a internet en la casa familiar, usando los notebooks de su hermano, se dedicaba en la tarde y noche a recorrer tiendas de equipamientos leather y luego derechamente de BDSM. Recordaba cada uno de los equipamientos utilizados por El Lord y los buscaba en sitios y artículos, averiguaba sus costos y proveedores.
Sin vergüenza ni arrepentimiento, cogió la tarjeta de crédito de su hermano (que la sacó de su cartera dejada sobre el velador) y con ella compró un completo set de equipamiento BDSM: pinzas, prensas, arañas, plus, esposas, parachutes, látigos, mordazas, cadenas y mascaras de látex. Señaló la casa familiar como lugar de entrega, con su nombre como destinatario.
Reintegró la tarjeta de crédito a la billetera de su hermano, discretamente. Lo hizo la noche de la compra cuando fue a verlo a su habitación.
Bautista estaba esperando a Blas, como todas esas noches. Para él se había convertido en el momento intenso y placentero de cada día. No había ni culpa, ni arrepentimiento, solo gozo y deseo de perseverar. Blas lo sabía y administraba, con perversa manipulación.
Cada noche Bautista se descargaba en su hermano, pensando que con ello que era él quien controlaba, pero era todo el revés. Blas gemía, jadeaba y se quejaba, un poco por verdadero placer, y otro para engañar a su hermano. S...
Hermanos (Capítulo Decimotercero)
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