Un hombre desnudo y con los ojos cubiertos por una venda negra está arrodillado a cuatro patas sobre una cama deshecha, apoyando las manos en las sábanas arrugadas de una habitación deteriorada y con poca luz. Frente a él, en el umbral de la puerta abierta, aparece otro hombre vestido con uniforme blanco de fútbol, camiseta con ribetes oscuros, pantalón corto, calcetines altos y zapatillas, mirando hacia el interior con gesto serio. El cuarto tiene paredes manchadas y envejecidas, una lámpara junto a la cama, cortinas oscuras, un aparato de aire acondicionado y un ambiente de motel barato, íntimo y tenso, iluminado por la luz cálida que entra desde el pasillo.