Un hombre desnudo de aspecto mitológico, con grandes astas de ciervo, barba oscura y melena rizada, posa de pie en un bosque otoñal iluminado por una luz cálida de atardecer. Su cuerpo musculado aparece completamente visible, incluido el pene, con una presencia frontal y solemne que recuerda a una figura faunesca o espíritu del bosque. A su alrededor hay ciervos y cabras entre hojas doradas, naranjas y rojas, creando una escena natural y fantástica. En primer plano se acumulan cestas de manzanas, calabazas, uvas, mazorcas de maíz, setas, castañas y gavillas de trigo, reforzando una atmósfera de cosecha, abundancia, naturaleza salvaje y ritual pagano.