Escrito por: DOMpleasure
Frente a la cafetera, descalzo, vistiendo solo unos calzoncillos ajustados de algodón gris que marcaban un culo fibroso y una camiseta de tirantes que dejaba al aire sus hombros tatuados, no estaba Viktor.
Era Santi.
El dueño del bar se giró al oír los pasos de Guillermo. Llevaba en la mano una taza de porcelana fina —una de las tazas que la madre de Guillermo le había regalado al mudarse— y le dio un sorbo con absoluta tranquilidad.
—Vaya…tú debes de ser…—Santi chasqueo la lengua intentando conseguir de su memoria un nombre que de sobra se había aprendido—…Gonzalo, ¿verdad?
—Guillermo —dijo el joven con un tono áspero.
Santi esbozó una sonrisa burlona que arrugó las comisuras de sus ojos.
—Eso perdona…soy muy malo para los nombres —respondió acercándose y tendiéndole una mano. —Yo soy Santiago, el novio de Viktor.
Guillermo notó como Santi había pronunciado de forma más patente la palabra novio. La sangre se le comenzó a agolpar en las sienes. El enfado, acumulado tras semanas de intrusión y agravado por el colapso de la noche anterior, pugnó por salir de su garganta al ver a aquel individuo de nuevo en su casa. Y esta vez sin avisar. Se enderezó, ajustándose el botón del cuello del pijama en un gesto automático de defensa.
—Viktor no me ha dicho que iba a traer a nadie —dijo Guillermo, intentando que su voz sonara firme, aunque el temblor de la resaca emocional la delataba—. Esta es mi casa. No es de agrado levantarme y encontrarme un desconocido.
Santi dejó la taza de porcelana sobre la encimera de mármol con un golpe seco. Cruzó los brazos sobre su pecho depilado, marcando los bíceps, y dio un paso hacia Guillermo con esa actitud provocadora y callejera que lo caracterizaba.
—¿Tu casa? —se burló Santi, rascándose la barbilla con un dedo—. Dirás la casa de ambos. Que yo sepa, Vik vive aquí también.
—Temporalmente. Y no me ha pedido permiso para que te quedes a dormir. Ni para que husmees en mi cocina —dijo conducido por el enfado y la frustración.
—Ya me ha dicho Vik lo pijo que te pones cuando te enfadas —dijo entre risas. — Mira, chico, yo estoy donde mi novio me dice que esté. Y anoche quería tenerme cerca, ya sabes, arroparme con sus músculos de acero —dijo mordiéndose un labio y apretándose el paquete sin cortarse—. Así que si tienes algún problema con que yo use tu cocina, tu cafetera o tu sofá, se lo dices a él. A ver qué tal le sienta que le vengas con tus tonterías de niño de papá.
—No son tonterías, es respeto básico —replicó Guillermo, dando un paso adelante, apretando los puños den...
EL RECLUSO: Celdas (Cap.5)
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