Escrito por: Curioso40
—Esta noche vas a ser nuestra putita —me soltó uno al oído, con voz ronca.
Intenté resistirme, pero me tenían inmovilizado. Me metieron en una habitación trasera que olía a sudor y lejía. Allí había un montón de ropa: medias de red negras, un tanga rojo ridículamente pequeño, un corsé de látex que me apretaba las tetillas, tacones de aguja y una peluca rubia larga. Me vistieron entre risas y golpes. Cada vez que intentaba quitarme algo, recibía un azote seco en el culo que me hacía gritar. Cuando terminé vestido como una zorra barata, me miraron satisfechos.
—Mírala. Ya está lista para que la usen.
Me arrastraron hasta la zona común de la sauna. Había al menos treinta tíos mirándome: heteros curiosos, gays duros, dos trans con pollas enormes y un par de osos peludos. Me pusieron de rodillas en el centro del pasillo. El primero fue un hetero de unos 50 años, casado, con anillo en el dedo. Me agarró la cabeza con las dos manos y me metió la polla hasta el fondo de la garganta sin piedad. Violaba mi boca de forma brutal. Lágrimas me corrían por las mejillas mientras me ahogaba y él me insultaba llamándome “maricón de mierda” y “puta de sauna”. Cada vez que intentaba apartarme me daba una bofetada que me hacía ver estrellas.
Detrás de mí, otro me levantó el tanga y me metió dos dedos de golpe. Dolor seco. Empezó a darme azotes con la mano abierta, fuerte, uno tras otro, hasta que el culo me ardía. Conté más de veinte solo en los primeros minutos. Luego me escupió en la boca abierta mientras el de delante seguía follándome la cara sin descanso.
—Traga, guarra.
Empezaron a llegar más. Cincuenta, sesenta… perdí la cuenta rápido. Me pasaron de mano en mano. Un trans me folló el culo sin condón mientras otro me meaba en la cara. La lluvia dorada caliente me chorreaba por las mejillas, por el pecho, me entraba en la boca abierta. Sabía salada y humillante. Intenté cerrar la boca, pero me sujetaban la mandíbula y me obligaban a tragar parte.
Me llevaron a la zona de duchas. Allí me ataron las manos a una barra alta con cuerdas de bondage. Colgaba como un puto objeto. Más de cien tíos desfilaron aquella noche. Algunos solo me escupían en la cara y me daban azotes mientras se pajeaban. Otros me metían la polla en el culo sin piedad, uno detrás de otro, sin darme respiro. Double penetration constante. Sentía cómo me dilataban, cómo me corrían dentro sin preguntar. Cada vez que me corrían ...
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