Escrit per: quidam001
-Desde que empezó la tormenta.- Respondió S.
-Pobre, está calado.
-Ya, pero es verano, no hace frío, no le pasará nada.
-¿Le estás castigando por algo?
-No, le estoy educando para que acepte hasta lo que no tiene sentido para él.
-¿Sin cuestionar?.- S asintió.
-Quiero que acuda dócil al castigo y voy poco a poco. Tiene mucho miedo al tema físico, y sabe que para mi es imprescindible. Le he dicho que no soporto a los esclavos que piden clemencia y gritan en exceso, quiero animales sumisos que acaten mientras asumen su sufrimiento. De momento le estoy humillando, anulando, hasta que él mismo sea el encargado de preparar las cadenas, cuerdas y elementos con los que le castigue físicamente. Creo que terminará haciéndolo. Le veo potencial.
-¡Sácale ya, hombre! Dile que nos sirva unas cervezas.
-No, vente. Coge ese paraguas y sígueme.
S cogió unos guantes de obra y se los puso. Salimos al jardín y con las manos protegidas arrancó unas cuantas ortigas. Le seguí hasta alcanzar a su esclavo que mantuvo la cabeza baja.
-Mira, este es mi nuevo animal, todavía no tiene nombre, igual ni llego a ponérselo, ya veré. - Estiró la goma del calzoncillo y por el hueco introdujo las plantas. Después y de golpe soltó el elástico dejando las ortigas atrapadas entre la tela y el rabo del sumiso. Se quito el guante y comenzó a restregar la mano por el paquete de su esclavo que a duras penas contenía unas convulsiones de dolor mientras mi amigo le decía “no grites, no puto grites, esclavo, aguanta y demuestra que eres digno de mi”. Joder, fui yo el que comenzó a convulsionar imaginando lo que debía sentir. – Ahora, animal, tírate al suelo bocabajo, cuando termine de llover te quitas el calzoncillo, te secas y entras a ver si necesitamos algo, tal vez mi amigo quiera que se la chupes.
El pobre infeliz se tumbó en el suelo. Di un par de pasos y noté que ni amigo no me seguía. Me volví y le descubrí de pie sobre el culo del esclavo añadiendo presión entre sus genitales y las plantas. Se bajó, sacó su pene y le meó. Como si nada, me alcanzó y cogiéndome por el brazo con ternura me llevó hacía la casa “Bueno ¿Cómo te va en el trabajo nuevo? No me has contado nada".
PARA LO QUE SIRVE UNA TORMENTA
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