Escrit per: Servvicio
Todavía siento en mi recuerdo sus dedos apretando mis pezones, ese dolor glorioso, esa sensación de que mi señor domina la situación… Recuerdos que me reconfortan tanto.
Me acuerdo, con sorpresa por lo bien que los encajé, sus puñetazos en mi barriga. También mi decepción por no sentir las cosquillas que le hubieran hecho a usted disfrutar.
Me derrito de recordar su cara de satisfacción de tenerme ante usted, su abrazo y sus besos finales.
Ardo al evocar el sabor de su polla en mi boca. Deliciosa, jugosa, sabrosa… aún no sé si me gusta más el sabor de su boca o de su verga. Deseo otro encuentro lo antes posible.
Esta tarde estoy por el centro de la ciudad. En un mensaje usted me informa que también está cerca.
Situación perfecta. Quedamos en encontrarnos en el aseo de un centro comercial.
Yo llego primero. Le veo de lejos y ya me tiemblan las piernas. Y la polla salta en mi pantalón como si tuviera un resorte.
Se acerca a mi y yo, dudo entre su orden de bajar la mirada o mirar su cara que me parece tan hermosa. Decidido obedecer y posar mi mirada en su paquete.
Me giro, me dirijo al aseo y usted me sigue. Directamente entramos en una cabina. Me quito el polo para dejar accesibles mis tetas para usted.
Coge mis pezones, los aprieta, los retuerce… el dolor sería insoportable si no estuviera viendo su cara, sus ojos brillantes, su sonrisa torcida…
Es increíble: a pesar del dolor tengo la polla durísima. Intento pajearme. Usted me detiene y como premio obtengo que me abofetee a izquierda y derecha. Me pregunta:
- ¿Quién te ha dado permiso para tocarte?
- Nadie, señor. Perdón.
Así que opto por usar mis manos para masturbarle a usted. Estoy tan excitado que no puedo pensar, sólo me dejo llevar.
Me pide que endurezca la barriga y me lanza un par de puñetazos. Definitivamente eso no me gusta, pero usted parece disfrutarlo tanto…
Sin embargo, parece notarlo así que me pide que levante mis brazos. Ahora se centra en hacerme cosquillas y esta vez sí , las siento, me hace retorcer, sonreír… Usted vuelve a mis pezones. Yo pido permiso para acariciar y lamer los suyos. Me niega ese placer. A cambio, me pide que me baje el pantalón y descubra mi sexo. Lo hago. Y antes de que me pueda dar cuenta, coge mis huevos y estira de ellos. No sé si la sorpresa o simplemente el dolor pero casi se me escapa un grito. Tengo que ahogarlo en el último instante parte evitar que nos pueda oír alguien.
Me da la vuelta y empieza a palpar y sobar mi culo. Parece satisfecho con su firmeza. Y para demostrar su satisfacción lo azota. Esto me excita más.
Me vuelve a dar la vuelta y me obliga a arrodillarme y me clava su polla en mi boca.
No sé si piensa que eso pueda ser un castigo. Para mí es un verdadero premio. Pierdo la noción del tiempo y de...
Segundo encuentro con Piescosquillas
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