Escrit per: rd5bwtm9
Alfredo se agachó y cargó a Fernando del suelo como quien carga un saco de ropa, alzándolo con una fuerza que no parecía de su edad. Fernando pataleó, se retorció, intentó zafarse, pero los brazos de Alfredo eran como hierros alrededor de su cintura.
—¡Suéltame! ¡Ya te di lo que querías! —gritó, con el semen todavía secándosele en la cara, mientras Alfredo lo llevaba por el pasillo hacia la recámara.
—Cállate, hijo —dijo Alfredo con calma—. Cuanto más grites, más te voy a disfrutar.
Lo aventó sobre la cama. Fernando cayó de espaldas sobre el colchón, rebotando, y antes de que pudiera incorporarse, Alfredo ya estaba sobre él, girándolo con un manotazo, dejándolo boca abajo, con las nalgas desnudas hacia arriba bajo la trusa blanca.
Dos nalgadas. Fuertes, secas, sin aviso, que hicieron saltar a Fernando sobre la cama y le arrancaron un grito de dolor.
—¡Aaaaah! —chilló, apretando las sábanas con las manos, sintiendo el ardor volverle a la piel ya marcada.
—Todavía no aprendes, ¿eh? —dijo Alfredo, con la voz tranquila—. Te dije que te quedaras quieto.
Fernando hipaba, con las lágrimas empapando la almohada. El dolor en las nalgas era insoportable, y el miedo le tenía el cuerpo entumecido. Dejó de resistirse. Se quedó quieto, temblando, esperando la siguiente orden.
—Bien —dijo Alfredo, satisfecho—. Ahora ponte en cuatro. Arriba ese culo. Quiero verte.
Fernando obedeció, lentamente, colocándose de rodillas sobre la cama y apoyando las manos, arqueando la espalda, con el trasero en alto, ofreciéndose en la posición más humillante que había adoptado en su vida. El collar le apretaba el cuello con cada respiración.
Alfredo se acercó y, para su sorpresa, le desabrochó el collar. El cuero cedió y Fernando sintió el alivio del aire fresco en la garganta, aunque solo duró un segundo.
—Ya no te hace falta —dijo Alfredo, dejando el collar a un lado—. Porque a partir de ahora me vas a obedecer por miedo, no porque te lo recuerde el cuello.
Y entonces Fernando sintió algo frío y oscuro cubriéndole los ojos. Un antifaz. La oscuridad total cayó sobre él de golpe, y el pánico se le disparó por todo el cuerpo.
—No... no me quites la vista —suplicó, alzando las manos hacia el antifaz—. Por favor, déjame ver...
La mano de Alfredo le atrapó las muñecas con facilidad, apretándolas.
—Si te lo quitas —dijo Alfredo, con la voz pegada a su oído, grave y sin discusión—, te voy a dar el peor castigo que te puedas imaginar. Y créeme, hijo, mi imaginación es muy larga. Así que te recomiendo que lo dejes puesto y hagas lo que te diga.
Fernando sintió las manos de Alfredo soltarle las muñecas, y se quedó ahí, de rodillas sobre la cama, en cuatro, ciego, temblando, escuchando su propia respiración agitada y el crujido de la cama bajo su peso. No veía nada. No sabía qué venía. Solo sentía el miedo, y esa extraña electricidad que le recorría el cu...
Cómo perdí La Virginidad Parte 11 y 12
Xtudr, el chat esencial para los fetichistas gays, te conecta con miles de chicos en tu área que comparten tus gustos. Disfruta de la comunicación instantánea enviando y recibiendo mensajes.
Explora una forma rápida, sencilla y divertida de conocer gente nueva en la red de encuentros para chicos líder como rd5bwtm9.
Con Xtudr, puedes:
- Crear un perfil con fotos y preferencias.
- Ver perfiles y fotos de otros usuarios.
- Enviar y recibir mensajes sin restricciones.
- Utilizar filtros de búsqueda para encontrar tu pareja perfecta.
- Enviar y recibir Taps a tus favoritos.
Regístrate en la aplicación fetichista y BDSM más popular y comienza tu aventura hoy mismo.
https://www.xtudr.com/es/relatos/ver_relatos_basic/44493-como-perdi-la-virginidad-parte-11-y-12