Escrito por: zorracomepollas
Llego con la toalla anudada a la cintura y la pulsera en la muñeca. Ya sé a lo que vengo.
Al fondo del pasillo de cabinas, dudando, haciendo ese paseíto de quien finge que está mirando el mosaico cuando en realidad estoy ofreciendo el culo a cualquiera que me vea. Cuarentón entrado en los cincuenta, cuerpo normal, la toalla blanca colgando. El típico madurito que necesita que alguien le recuerde para qué sirve.
Veo salir a alguien de la cabina 12 con la puerta entreabierta. Barba, torso peludo, la toalla marcando lo que tiene entre las piernas. Me mira fijo y yo no le aparto la mirada...me pone muy cerdo.
— Tú. Aquí.
No pregunto. Entro.
Cierro la puerta. La cabina es pequeña, justa para los dos. El olor a desinfectante mezclado con sexo de la noche anterior. La luz tenue.
— Quítate la toalla y ponte de rodillas.
Mi mano tiembla un poco al desanudarla. La toalla cae al suelo y me arrodillo en el suelo de azulejos. Buen chico. Así me gusta verte: a mi altura correcta, la cara frente a mi polla.
— Saca la lengua.
La saco. Le miro desde abajo, su mano en mi nuca, los dedos enredándose en mi pelo canoso.
— Así, quieto. Vas a esperar a que yo saque la polla y la metas tú solito. Sin manos. Con la boca.
Se baja la toalla despacio. Su polla ya está dura, se balancea delante de mi cara. Inclino la cabeza, abro más la boca y la cojo con los labios. Paso mi lengua recorriendo el glande mientras él empuja despacio, embutiéndomela centímetro a centímetro. Los ojos se me humedecen al instante.
— Así me gusta, puta. Sin resistencia.
Apoya las manos en la pared de azulejos y empieza a follarte la boca. Ritmo constante. Mis manos apoyadas en los muslos, obediente, sin atreverme a tocarme. Se escucha como gargoteo, como me ahogo cuando llega al fondo y se queda un par de segundos ahí, casi como un reflejo de vomitar.
— Para.
La saco de la boca, una hebra de saliva me cuelga del labio. Me levanta y me gira contra la pared, la mejilla pegada al frío azulejo.
— Sepárate las nalgas.
Obedezco. Meto las manos entre mis glúteos y me abro. Llevo el culo depilado, el ojete rosado ligeramente húmedo.Se ensaliva dos dedos y los pasa por mi entrada, jugando un poco, viendo cómo me contraigo.
Escucho que abre un envoltorio con los dientes y se coloca una goma. Un chorro de lubricante en la mano, embadurna el preservativo y rocío mi culo.
— Vas a gemir bajito, que la sauna está en silencio y no quiero que venga ningún curioso a pedir turno. Esto es mío. Hoy eres mi juguete de mañana de martes.
Apoya el glande en mi entrada y empuja seco. La cabeza entra de golpe. Me pega contra la pared, un gem...
Experiencia en sauna...5
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