Escrit per: MasterJuan
El Lord era un hombre que sabía su trabajo y no aceptaba interferencias durante el desarrollo de las tareas necesarias para cumplir la meta acordada. Así era siempre y esta no era la excepción.
Junto con los perros que había recibido, también habían arribado todo su instrumental. Sus honorarios eran elevados y sus resultados, garantizados.
Estaba evaluando muy bien a los dos sujetos sometidos a su entrenamiento. Respecto a Braulio no tenía dudas: bastaban un para más de sesiones duras para terminar de someterlo y entregarlo completamente sumiso al padre, garantizando que jamás osaría rebelarse o contradecirlo. Pero no tenía la misma certeza respecto a Blas. Lo pudo comprobar cuando ordenó a Braulio sacarlo de la caja metálica donde había estado encerrado por 18 horas sin comida ni agua.
Salir sucio, débil, hambriento, agotado. Le costó incorporarse. Habían sido muchas horas de agobio, incomodidad, angustia, tenía los labios partidos, el cabello sucio, se había orinado ahí mismo y todo le parecía nauseabundo. Pero al sacarlo de ese caja inmunda, de esa prisión indigna, bastó que le viera un par de segundos y ver la expresión de su cara y el brillo de us ojos y rió lo que le parecía evidente: no había derrota, resignación, entrega o rendición. Al contrario, veía rabia, odio, deseo de venganza. Aún resistía. Era un animal salvaje al cual no se le podía domesticar, aún.
El Lord no podía ser engañado tan fácilmente. A pesar del esfuerzo de Blas por demostrar sumisión, de su voluntad de entregarse y someterse a lo que parecía un designio definitivo, su espíritu resistía a pesar de las conclusiones y decisiones de su razón. Es como la naturaleza del escorpión.
Blas fue ayudado por su hermano hasta una pileta de agua, un bebedero, a asearse y luego se le permitió alimentarse y tomar agua. El Lord le permitió descansar en la bodega hasta el día siguiente, para favorecer su recuperación. Pero Blas sabía que vendría algo muy duro.
El Lord había decidido darle el entrenamiento más duro, pero para ello debía cumplirse un requisito previo: garantizar que Blas fuera lo suficientemente duro para aguantar ese entrenamiento.
Ello significaba una sola cosa: entrenamiento físico intenso. Los siguientes cinco días sólo fueron ejercicios físicos intensos, fortalecimiento de sus capacidades de resistencia y respuesta. En eso El Lord también era un experto.
El Lord era metódico, organizado, persistente y disciplinado. A las 05:00 se levantó para sacar del sueño a los hermanos: uno de animal de carga el otro a entrenaríamos sin descanso. Esfuerzo máximo, nada de descanso, entrega total.
Con Blas fue especialmente severo, exigente y rudo. Bofetadas, latigazos y una rutina inmisericorde: 10 vueltas de una ruta despiadada en torno a la casa que incluía un arroyo, senderos con guijarros, maleza espinosa, camino con pendie...
Hermanos (Capítulo Noveno)
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