Escrito por: josema
721 palabras
Carlos estaba tumbado boca abajo en el banco del gym. Totalmente espatarrado, totalmente estirado y con las manos atadas a uno de los extremos.
Notaba como varias cuchillas rasuraban partes diferentes de su cuerpo. Axilas, pectorales, brazos y piernas, pelvis.... y sobre todo los huevos y la raja del culo.
No podía decir nada, no podía quejarse ya que tenía dentro de la boca los gayumbos sudados de Manuel, sujetos fuertemente con cinta americana.
Pero lo mas curioso de todo ello es que su mente comenzó a excitarse. Comenzó a sentir placer con tantas manos sobándole sin reparo por todos los recovecos de su anatomía, con tanto descaro que ni su ojete, ni sus pelotas, ni su polla semierecta ahora, quedaban a salvo.
Y en medio de todos esos pensamientos, mientras los cabrones de sus colegas seguían con sus tareas de rasurarle, su mirada se cruzó con la del único que en ese momento estaba mirándole fijamente a los ojos: Manuel.
A sus 45 años, diez mas que él, Manuel conservaba una espléndida forma física, con su cuerpo peludo, ya canoso en algunas zonas, como todo el mundo sabía, dado que compartían varias veces por semana duchas y vestuarios y estaban acostumbrados a verse en pelotas sin prestarse demasiada atención y sin darle demasiada importancia al asunto.
Era el miembro del equipo mas reservado, tal vez por esa diferencia de edad y madurez, y realmente conocían poco de su vida personal. Solo sabían que al terminar los entrenes se arreglaba, se calzaba su chupa de cuero, a veces completada con unos pantalones del mismo material, y se iba en su moto con rumbo desconocido.
Estaba casado desde hacía tiempo, y Carlos había participado en su despedida de soltero, donde en aquella ocasión le había metido sus gayumbos en la boca. Hecho poco afortunado que estaba pagando ahora.
¡Bueno, esto ya está! Escuchó que decía Raúl, aún con la cuchilla de afeitar en la mano mientras le quitaba la mordaza. "A ver Carlos, te vamos a desatar para que puedas moverte y para que podamos comprobar que no te queda ni un puto pelo de la barbilla para abajo. Son las reglas de la despedida, ya lo sabes.
¡Venga, cabrones, que os habéis puesto ciegos sobeteandome por todo el culo y el paquete, pandilla de mariconazos! Contestó Carlos, añadiendo: ¡Soltadme ya joder, que no os voy a dar de hostias! ¡Por lo menos de momento! ¡Y darme algo de beber, que tengo el sabor del culo y los huevos de Manuel en toda la boca! añadió, notando una erección mas fuerte al decirlo.
Tras liberarlo le fueron ordenando que adoptara varias posturas a fin de comprobar que efectivamente, estaba totalmente rasurado. Tuvo que abrirse de piernas, que abrirse la raja del culo mostrando el ojete, tuvo que soportar como le tocaban los huevos comprobando que estaban rasurados como bolas de billar, que levantar los brazos para comprobar sus axilas...... ...
DESPEDIDA DE SOLTERO --- DOS
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