Escrito por: josema
1088 palabras
Las cuatro horas en el cepo del cuartel de Regulares se hicieron interminables.
Mas que por el cepo en sí, que también, por los nudos adicionales realizados por Carlos en el "cilicio" que le había colocado como castigo adicional, que le penetraban el ojete manteniéndole "secretamente enculado".
Luego estaba el mantenimiento de la postura, la inmovilización absoluta, la cuerda tirándole de los huevos y el sol que daba de lleno en el trozo del patio en el que estaba ubicado el cepo.
Pero el caso es que a las cuatro horas en punto, con precisión militar, Héctor fue liberado de sus ataduras y conducido de nuevo ante Carlos.
Bueno, Cabo Héctor, espero que sepa valorar que no nos hemos pasado en el tiempo.
Desde luego, Cabo Carlos, y ten por seguro que también valoraré especialmente el cilicio ese que me has metido por el culo. Aunque te agradezco que al menos no lo hayas hecho público, tuvo que reconocer.
Muy bien. Todo correcto entonces. Firma el acta de conformidad, yo firmaré la del cumplimiento del arresto y si quieres te proporcionamos algo de ropa para cubrirte en el camino de vuelta. Un conductor te llevará a vuestro cuartel.
Héctor firmó, Carlos firmó y sin mas palabras, con una mirada asesina, Héctor le dijo: "Nos veremos, maricón. Tenlo por seguro". ¿Donde está esa ropa? Añadió.
Casi sin prestarle atención Carlos le extendió un pequeño suspensorio del color arena del uniforme de los Regulares.
Aquí tienes, legionario. No puedo nada mas que esto para que te cubras ese paquete. El culo ya ves que va desnudo. Es uno de nuestros suspensorios de soporte, le miró con chulería, y añadió: "Lo mismo te baila el paquete dentro. Aquí es que estamos muy bien dotados".
¡Que te follen! Soltó Héctor y cubriéndose con la mínima prenda, sin poder evitar dar un respingo cuando el hilo dental se acomodó en su raja, se despidió caminando con el desparpajo de siempre.
Un conductor le llevó hasta su campamento, y una vez allí le dejó en la puerta y Héctor entró a los dormitorios.
Allí estaban Raúl y el Murciano, que le recibieron dándole varios abrazos y palmetadas en la espalda. ¡Ya de vuelta, tioi! ¡Libre como los pájaros! rió el Murciano.
Sin humor para muchas tonterías Héctor se desnudó, tiro el suspensorio al cubo de la basura y cogiendo una toalla de dirigió a las duchas. Necesitaba el efecto tranquilizante de una ducha caliente para recomponerse.
Al volver, el Murciano ya se había dormido, pero Raúl le esperaba despierto.
¿Que pasa, tío? ¿Ha sido mas duro de lo esperado? Le preguntó.
Estoy roto, tío, dijo Héctor, dando un respingo al sentarse sobre la cama......
Eso levantó las sospechas de Raúl, que le dijo directamente.... A ver, date la vuelta y túmbate boca abajo.....
¿Que dices, c...
HECTOR, EL LEGIONARIO ---- NUEVE
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