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717 paraules
Hace algún tiempo me invitaron a un grupo religioso donde se realizaban cantos y actividades comunitarias. Allí conocí a un nuevo integrante: un chico heterosexual, ex reenganchado, que salía con su novia y trabajaba como mecánico. Desde el primer momento me atrajo su cuerpo fuerte y masculino. No me gustaba cómo se vestía, así que, aprovechando nuestra amistad naciente, lo llevé casi a la fuerza a comprarse ropa más ajustada y moderna. Le quedó excelente y él me lo agradeció con una sonrisa que me encendió por dentro.
Con el paso de los días ganamos confianza. Una noche me llamó muy alterado y completamente borracho. Fui a buscarlo a una cantina, lo acompañé mientras desahogaba sus problemas con su novia (habían terminado) y, al verlo tan vulnerable y ebrio, decidí llevarlo a su habitación. Vivía lejos de mi departamento, así que me quedé. Lo acosté en su cama, le quité las zapatillas y, cuando estaba a punto de irme al sofá, me agarró fuerte de la mano y me suplicó con voz pastosa que no lo dejara solo, que me quedara a su lado.
Me acosté junto a él. Se durmió profundamente casi de inmediato. La curiosidad y el deseo pudieron más que la razón. Con el corazón latiendo fuerte, empecé a tocarlo despacio: primero su pecho firme, luego bajé por su abdomen hasta llegar a su entrepierna. Su verga era grande incluso en reposo; gruesa, pesada. Le acaricié el culo por encima de la ropa y descubrí que tenía un trasero redondo, firme y perfectamente formado que me volvía loco. No me atreví a ir más lejos esa noche por miedo a que despertara, pero la excitación me mantuvo despierto durante horas.
El siguiente fin de semana volvió a llamarme, otra vez borracho. La historia se repitió, pero esta vez decidí ser más audaz. Mientras dormía profundamente, le bajé el pantalón con cuidado y liberé su verga. Ya estaba semierecta. No pude resistirme: la tomé en mi mano, la acaricié y luego la metí en mi boca. La chupé con ganas, sintiendo cómo se endurecía contra mi lengua. Después le di la vuelta, admiré su culito redondito y jugoso, y le di una buena “sopa” con la lengua, saboreándolo mientras metía un dedo lentamente. Gimió suavemente en sueños, pero no despertó. Lo penetré con el dedo varias veces, cada vez más profundo y con más saliva, hasta que me corrí solo con la excitación del momento. Al día siguiente no dijo nada y yo tampoco mencioné el tema.
La tercera vez fue aún más intensa. Me llamó para que lo acompañara a tomar, pero esta vez le serví tragos más fuertes. Cuando se quedó profundamente dormido, repetí el ritual: le bajé el pantalón, lo chupé con más pasión y luego lo volteé boca abajo. Le comí el culo con hambre, metiendo la lengua lo más profundo que pude. Mi verga estaba dura como piedra. Decidí ir más allá. Poco a poco, con mucho lubricante natural de saliva, empecé a meterle la verga en su culito apretado. Estaba tan borracho ...
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