Escrito por: SubPas2010
1823 palabras
Miguel llevaba diez minutos acostado boca abajo en su colchoneta, temblando, cuando finalmente logró hablar.
“Lo disfruté.”
Su voz salió ahogada, quebrada, amortiguada por la colchoneta. Pero en el silencio del corral, las otras tres lo escucharon perfectamente.
“Lo disfruté como la puta vaca gorda que soy,” continuó, y las lágrimas empezaron a caer otra vez, mojando la tela delgada de la colchoneta. “Mi culo… mi pinche culo gordo y tragón lo disfrutó todo. Cada embestida. Cada segundo. Cuando ese perro me montó y empezó a empujarme esa verga caliente adentro, mi ojete se abrió solito, sin resistencia, como si llevara años esperando eso. Y las embestidas… güey, eran tan rápidas, tan desesperadas, y mi culo las recibía todas, apretándolas, ordeñándolas…”
Se le quebró la voz. El Tres se acercó gateando y se sentó a su lado, sin decir nada, solo estando ahí.
“Y luego el nudo…” Miguel sollozó. “Cuando sentí cómo se hinchaba dentro de mí, cómo me estiraba desde adentro, cómo presionaba mi próstata sin parar… güey, nunca en mi puta vida había sentido algo así. Era como… como si mi cuerpo entero existiera solo para eso. Para ser llenado. Para ser usado. Para recibir esa verga animal y ordeñarla hasta sacarle todo.”
El Uno y el Dos también se acercaron, formando un semicírculo alrededor de Miguel. Ninguno lo juzgaba. Todos habían pasado por lo mismo.
“Y el semen…” continuó Miguel, la voz temblándole. “Sentir cómo me llenaba, cómo no paraba de salir, caliente, espeso, tanto que me infló el vientre… mi culo apretaba el nudo como si quisiera ordeñar hasta la última gota. Como si mi cuerpo supiera exactamente qué hacer sin que yo pudiera controlarlo. Y yo… yo estaba a punto de venirme. A segundos. Mi verga estaba goteando sin parar, sentía la presión en las bolas, sabía que iba a explotar y no podía hacer nada para detenerlo…”
Se cubrió la cara con las manos, avergonzado, aterrado de sus propias palabras.
“Soy una puta. Una vaca puta con un culo que no se controla. Casi me vengo con un perro adentro. Casi activo el segundo castigo. Por poco y…”
“Pero no te viniste,” lo interrumpió el Uno con firmeza. “Eso es lo que importa, Miguel. Estuviste a punto, sí. Pero al final no te viniste. Eso significa que eres más fuerte de lo que crees.”
“Pero casi…”
“Casi no cuenta,” dijo el Dos. “Todos estuvimos ‘casi’. Yo estuve a segundos también cuando me tocó Solovino. Mi verga estaba igual que la tuya, goteando, a punto de explotar. Pero no pasó. Y la tuya tampoco.”
Miguel respiró profundo, intentando calmarse. El Tres le frotó la espalda suavemente.
“¿Cómo lo lograste?” preguntó el Tres después de un momento. “¿Qué pensaste? ¿Qué hiciste para aguantar?”
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La Granja del Amo — Episodio 8: Confesiones en el Corral
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