Escrito por: 42Daniel
524 palabras
Me llamó al móvil y reconocí el número que nos habíamos intercambiado.
- ¿Te lo has pensado ya?
Me propuso venir una tarde después de trabajar y follarme. Directo.
- Ven y hablamos- no sabía aún como reaccionar a su propuesta.
Fue puntual. Pidió algo de beber, yo sólo tenía cervezas en casa. Mientras bebía, se fue desnudando. Tenía un cuerpo contundente, fuerte, pero no de gimnasio. Cuando se quitó el slip, vi que ya estaba empalmado y no puedo negar que me excitó su determinación.
- ¿Vas a mamármela primero, arrodillado, maestro?
Me arrodillé y empecé a lamerlo, como un perro, disfrutando de su erección, y de sus huevos colgones. Sin decir ni una palabra. Me cogió la cabeza y empezó a marcar el ritmo. La metía y la sacaba de mi boca, haciéndome babear y provocando mis ganas de más.
De repente, paró y me separó de él.
-¿Te acuerdas del cachete que me diste, maestro? No me dolió, eres un flojo, pero me humillaste delante de mis compañeros. Se burlaron de mí durante semanas.
Me asusté.
- Así que hoy he venido para cobrármelo. ¡Desnúdate!
Lo hice.
- ¡Apóyate de espaldas en la mesa!
Entonces dudé porque vi que sacaba su cinturón del pantalón que había dejado a un lado.
- Antes de que te folle, que es lo que te gusta, tengo que cobrarme esa deuda. Pero tú decides.
Volví a mi posición.
-¿Cuantos años hace? ¡Ayúdame a contar, sabes que no soy muy listo!
Uno, dos, tres,….
Se entrecortaba y esperaba que yo siguiera. Llegamos a los 20 correazos pero sólo el último fue lo suficientemente fuerte para arrancarme un verdadero grito de dolor. Notaba hervir mi piel. Y escuchaba su voz satisfecha y sus expresión burlona.
- No quería follarte hoy pero me has puesto a mil...¿tienes condones?
Fuimos hasta el dormitorio y me indicó que me pusiera a cuatro, sobre la cama. En seguida noté sus dedos mojados por su propia saliva abriéndome el culo. Cuando me la empezó a meter, empujando decididamente, me quejé porque tenía el culo sensible por los correazos.
- ¡Hostia, maestro, como entra! ¡Que buena puta eres!
Me empecé a masturbar a su ritmo y cuando le pedí que me follara, soltó una carcajada y se agachó sobre mi, alargando su mano para bajar mi cabeza a la altura de la cama.
- ¡Así, así, levanta el culo!
Con el bombeo, proporcional a su fuerza, yo me desequilibraba y me desplazaba hacia delante. Él me volvía a recolocar, cogiéndome por las caderas. En un momento dado, Sebas levanta una pierna y con su pie, me pisa la cabeza.
- ¡Así no te moverás tanto!
Ahora las embestidas son más fuertes, y me duelen realmente. Me quejo. Dejo de masturbarme. No puedo seguir su ritmo.
- ¡Calla que acabo ya!
Y, efectivamente, noto la calidez de su semen dentro de mi culo.
Ta...
Sebas.2. La deuda.
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