Escrito por: Cachopo
4592 palabras
Al día siguiente Ricardo estaba de mejor humor. Después de la cena se sentó en el sofá y puso una película como era habitual. A mitad de película se tumbó y puso sus pies sobre mis muslos. Yo no hice nada, me agradaba sentir esa cercanía y verlo relajado. No tardó mucho en dormirse. Era la primera vez que se dormía en el sofá desde que vivíamos juntos. Intentando no moverme me fijé que volvía a tener los calcetines impolutos. El chico que limpiaba la casa debió de venir mientras trabajábamos. Ricardo estaba muy relajado, su respiración era lenta y pesada. Me fijé en su cuerpo envidiable, como se marcaban sus músculos incluso en relajación, sus piernas eran fuertes y su abdomen, pecho y brazos impresionaban. Tenía una sonrisa en la cara, como siempre que lo había visto durmiendo. El cabrón era guapo, muy guapo, la verdad. Su rasgos eran marcados, muy masculinos, su nariz recta y unos labios carnosos. Era casi imberbe por lo que aparentaba menos edad, y las pecas de su cara, que con el sol se incrementaban, le daban un toque travieso que seguro desarmaba a cualquier tía. No pude evitar bajar la mirada a lo que me daba más envidia de él, su rabo. Bajo la suave tela del pantalón corto se podía distinguir sin problemas. Gorda, potente. Su capullo se dibujaba al final del tronco de su polla que se apoyaba en el muslo derecho. Sus huevazos se distinguían como siempre reposando en el muslo izquierdo. Noté que mi polla se empezaba a poner dura contra su pie. Me asusté de esa reacción y me levanté intentando no despertarle.
• ¿Dónde vas? – Dijo sin abrir los ojos.
Me volví a sentar y el levantó los pies para que me acomodase más cerca de él. Ahora sus pesadas piernas reposaban sobre las mías. Su respiración no tardó en ser otra vez profunda. Miraba su pecho subir y bajar trasmitiendo una tranquilidad envidiable. Me alegraba ver que después de todo lo que le había puteado dormía junto a mí así de relajado. Cuando baje la mirada hacía su cintura me fijé que su pantalón se había bajado, dejando su rabazo casi a la vista. La luz de la tele alumbraba su cuerpo. Tuve que apoyar mis manos en sus muslos para poder relajarme. Intentaba prestar atención a la película, pero no podía seguir el argumento. Mis ojos se iban a su cuerpo y sobre todo a su polla que con la relajación del sueño empezaba a crecer y a asomar por la pernera del pantalón. Se estaba empalmando. Mi mano, aunque no se movía cada vez estaba más cerca de su capullo, en el que podía ver una gota de precum cuando la luz de la pantalla iluminaba nuestros cuerpos. No tardé en sentir la humedad de su rabo en mi mano. La quité con un gesto brusco y Ricardo se revolvió sin llegar a despertarse. Mire mi mano, mi meñique tenía su espeso precum. Y sin saber porqué, lo lamí. Sabía fuerte, salado, un sabor que a pesar de la pequeña cantidad invadió mi boca por completo. Tuve que coger más, lleve mi índice y lo a...
Nano Cap. IV
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