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El Doctor Robusto 6: el guardaespaldas

Escrito por: sum🇪🇸

2 días
4399 palabras
Pasé los días siguientes bastante agobiado. Sí, lo del baño había sido la hostia a nivel sexual, pero a nivel emocional había sacudido mis cimientos mentales. Había removido algo dentro de mí y no conseguía identificar qué era. Bueno, mejor dicho: lo sabía pero no quería enfrentarme a ello.

Las palabras del Doctor eran como una bola de demolición que impactaba directamente en la base de mi existencia misma: “Esto es lo que eres: un puto agujero para que machos como yo lo usen para vaciar los huevos”. La polla se me empalmó como si tuviera cerebro propio. Qué rabia.

El sonido del interfono rompió mi burbuja. Me levanté del sofá y, al mirar la pantalla, se me secó la garganta. Ahí estaba el puto Dr. Gigante: en mi portal, en mi casa. ¿Qué coño hacía aquí? Claro, había venido porque había ignorado los mensajes que me había estado enviando.

Lo estudié: estaba tan buenísimo como siempre, con su cara de leñador bondadoso. Como no descolgué el telefonillo, su cara no tardó en cambiar a la de cabrón. Lo vi coger algo de su bolsillo. Estaba… ¿escribiendo algo? Puso un post-it en la cámara: “Sí gui atós alí. Lio lug. Alri. Alora”.

O el tío escribía en swahili o debía ser la famosa letra de médico. Tuve que hacer un ejercicio de creatividad. Ladeé la cabeza. Entrecerré los ojos. Invoqué al Espíritu Santo. Entonces lo entendí: “Sé qué estás ahí. Veo luz. Abre. Ahora”.

—Tú flipas. —Se me arquearon las cejas—. No estás en posición de darme órdenes con dos puertas de por medio. A cascarla.

Le di al botón de apagar la pantalla y volví al sofá. Le di al play en el mando a distancia y la serie que estaba viendo volvió a la vida.

El timbre volvió a sonar, esta vez con más insistencia. Ni siquiera me levanté.

Y vosotros, amigos, estaréis pensando: ¿qué coño hace este tío?, ¿por qué no abre la puerta para que ese mastodonte de ensueño le dé una buena inyección de vitaminas? Pues porque no me daba la puta gana, así de claro.

Sí, es verdad: soy muy puta, pero muy digna; ese tío follaba como un puto Dios, pero soy una persona real y tenía la mente cortocircuitada. Literalmente. Por mucho que le irritara, el Dr. iba a tener que esperar. Y, si no quería, que se buscara a otro, que seguro que tenía un harén de maricas con cuerpos de infarto esperándolo a cuatro patas con el culo dispuesto a recibir sus vitaminas.

A tomar por culo.

Al día siguiente, antes de irme a trabajar, miré por la ventana por si el médico me estaba esperando en la calle. Sí, se me estaba yendo la mano de paranoico, pero es que me acojonaba encontrármelo de repente. Afortunadamente, no apareció.

Por la tarde, fui al gimnasio. Salí de la piscina tras acabar mi rutina de natación y me dirigí al spa: una piscina más pequeña llena de chorros de hidromasaje y bancos d...
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El Doctor Robusto 6: el guardaespaldas

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