Escrito por: Bi_e_l
703 palabras
Después del subidón en el camión con Ramón, donde la adrenalina de la autopista me había hecho correrme solo de pensar en el riesgo, me quedé con una resaca de peligro que no se saciaba con lo físico. Quería algo que mezclara lo virtual con lo real, que amplificara el morbo a través de pantallas antes de explotar en carne. Las apps habían evolucionado desde los chats antiguos como Chueca; ahora eran ecosistemas BDSM con subastas, cams en vivo y encuentros híbridos. En una app llamada "DarkBid", especializada en sumisión online-offline, vi la opción: "Subasta tu sumisión". Me registré anónimamente: foto de torso desnudo, descripción: "Sumiso 28, busca amo para sesión virtual que lleve a real. Límites: fisting progresivo, mamadas profundas. Palabra 'rojo'". El taboo me ponía: ser subastado como un objeto digital, pujas en cripto o puntos, el ganador decidiendo el paso a offline. El riesgo era la exposición: cams públicas, desconocidos pujando, diluyendo la intimidad en pixels. Pero el morbo amplificado por la tecnología me atrapó. La subasta duró 24 horas; gané 15 pujas, el ganador: "AmoVirtual42", un tipo de 40 años con perfil verificado.
La sesión empezó online: acordamos cams en la app, yo en mi piso, él en el suyo. Me conecté a las 22:00, desnudo en la cama, webcam enfocando mi cuerpo. Su cara estaba borrosa por filtro, voz distorsionada: "Muéstrame lo que ofrezco, puta". Empecé masturbándome despacio, siguiendo órdenes: "Abre el culo para la cámara, métete dedos". El morbo digital era intenso: saber que podía grabar, compartir, o que la app monitoreaba. Pujó virtualmente con comandos: "Chupa un dildo, imagina mi polla". Lo hice, garganta profunda en pantalla, babas cayendo, gimiendo para él. "Buena zorra... ahora lubrícate el culo". Usé gel, metí un plug grande, gimiendo mientras él dirigía: "Más hondo, siente cómo te preparo". La tecnología amplificaba todo: delay en la cam añadiendo suspense, chat con emojis de puños y pollas de otros viewers (sesión semi-pública). Me corrí en cam, chorros en la barriga, jadeando su nombre virtual.
Pero la subasta incluía offline: "Has sido bueno. Mañana, mi piso en Gracia. Trae lubricante". El paso de digital a real me ponía nervioso; el morbo se diluía en ansiedad. Llegué a su puerta, él abrió: real, sin filtros –alto, calvo, ojos penetrantes, polla ya abultando en los pantalones. "Entra, subastado. Desnúdate". Su piso era normal, cama con webcam aún encendida para grabar privado. Empezó con mamadas: me arrodilló, sacó su verga –gruesa, venosa, como en cam pero cálida de verdad. "Chúpamela como en la pantalla, pero ahora siente el sabor real". La tragué hondo, lengua girando, garganta apretando, babas reales chorreando. Él gemía sin distorsión: "Joder, qué boca... trágatela toda, puta digital".
Pasamos a fisting: me tumbó en la cama, lubricantes variados en la mesita –gel agua para empezar...
Capítulo 8: La Rendición Digital
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