Una mujer descalza con vestido negro ajustado está de pie en un pasillo estrecho, junto a un hombre desnudo agachado frente a un espejo de cuerpo entero con marco de madera. Ella inclina la cabeza hacia él y sostiene una mano cerca de su boca, mientras él la lame o introduce sus dedos con gesto sumiso. El hombre, musculoso y con barba, permanece en cuclillas con las piernas abiertas, el torso velludo y el pene visible entre los muslos. La escena tiene iluminación interior cálida, suelo marrón brillante, puertas blancas al fondo y una composición íntima, explícita y provocadora captada como autorretrato en espejo.