Un hombre de mediana edad, sin camiseta y con el torso desnudo, aparece sentado en un interior cálido y tenue, iluminado por una lámpara de fondo que crea una atmósfera íntima. Lleva un gran pendiente circular blanco en la oreja izquierda y tiene la cabeza ligeramente inclinada, con expresión seria y mirada baja. De su boca cae un líquido espeso de color beige o dorado, que resbala en dos hilos largos por la barbilla y el pecho, dejando gotas visibles sobre la piel. La escena destaca por el contraste entre la luz suave, la pared neutra, la textura del cuerpo y el gesto extraño y provocador del retrato.