en una sala de masajes, el masajista un fornido oso de 45 años, un Amo disfrazado y yo en la camilla un maduro de 64 al que con hipnosis le convierte en su perra sumisa
Dos hombres musculosos y sin camiseta ocupan una sala de masaje con luz cálida y ambiente íntimo; uno está tumbado boca arriba sobre una camilla cubierta con sábana blanca, vestido solo con un slip rojo, con el torso desnudo, las piernas extendidas y una mano apoyada cerca de la cabeza, mientras mira hacia arriba con expresión relajada. A su lado, otro hombre de pie, con barba, pecho velludo, pantalón oscuro y collar, posa serio junto a la camilla. La estancia tiene cortinas blancas translúcidas, paredes marrones, suelo de madera, un espejo con marco dorado, una mesilla y un cuadro anatómico o artístico al fondo.