Un guerrero mesoamericano semidesnudo yace ensangrentado sobre un altar de piedra, con cortes por todo el torso, sangre en el pecho, la cara y los brazos, mientras otro guerrero con penacho, brazaletes dorados y falda ritual se inclina sobre él sujetando algo sangriento en la mano, en una escena de sacrificio ceremonial. Alrededor aparecen varios hombres armados con lanzas y escudos, vestidos con taparrabos, plumas y adornos tribales, observando junto a las escalinatas de un templo de piedra decorado con relieves. Sobre la entrada brilla un gran disco solar con rostro humano y rayos dorados, reforzando el ambiente religioso, mítico y precolombino, con arquitectura monumental, polvo, nubes cálidas y una atmósfera dramática de ritual sangriento.