Un hombre desnudo de proporciones gigantescas se alza en medio de una avenida urbana rodeada de rascacielos modernos, con el cuerpo musculoso iluminado por la luz del día y la mirada inclinada hacia abajo. Su pene está visible y orina directamente sobre la carretera, formando un chorro amarillo que cae entre coches, taxis, autobuses y peatones diminutos, creando una escena surrealista de escala colosal en pleno centro financiero. Los edificios acristalados, el tráfico denso, las aceras arboladas y las personas dispersas refuerzan el contraste entre la ciudad realista y la figura monumental, desnuda y dominante.