Un hombre gigantesco y musculoso aparece como un rey colosal en medio de una avenida urbana flanqueada por rascacielos, con el torso desnudo, abdominales muy marcados y tatuajes visibles en brazos, pecho y muslos. Lleva una corona dorada con piedras rojas, una capa roja con forro de armiño blanco y unos calzoncillos o pantalones cortos rojos, mientras permanece descalzo sobre el asfalto entre coches diminutos y luces de tráfico. La escena tiene un tono épico y cinematográfico, con perspectiva baja, cielo nublado, luz dorada al fondo y una ciudad moderna que refuerza la sensación de poder, fantasía, realeza urbana y escala monumental.