Un hombre desnudo y musculoso posa de pie en un cementerio nocturno, con la piel brillante como si estuviera aceitada y el pene visible, apoyando un brazo sobre una lápida mientras mira de perfil hacia la izquierda. Lleva sobre la cabeza una especie de casco o cráneo animal que le da un aire ritual, primitivo y teatral. La escena está iluminada por una luna llena intensa en un cielo oscuro con nubes, creando un ambiente gótico, misterioso y sobrenatural. Alrededor aparecen varias tumbas antiguas, cruces y lápidas de piedra, además de una prenda clara colgada sobre el monumento junto a él, reforzando la atmósfera dramática y funeraria.