Vigilantes de seguridad. El nuevo guardia ha sido desnudado y sometido a duras novatadas, recibiendo lapos y esputos con las esposas puestas.
Un hombre arrodillado y empapado ocupa el centro de un baño estrecho de azulejos blancos, con el torso desnudo, pantalones negros mojados y la boca abierta mientras el agua le cae por la cabeza y el pecho; lleva varios tatuajes visibles, entre ellos diseños en el brazo, el pecho y el abdomen, y parece estar en una situación de sometimiento o interrogatorio. A su alrededor hay tres guardias uniformados con camisa negra, gorra, cinturón de servicio y botas de trabajo amarillas: uno mira el móvil, otro sostiene una libreta y se lleva un objeto a la boca, y el tercero permanece de pie observando de perfil con los brazos detrás. El escenario cerrado, con suelo de baldosas rojizas, inodoro al fondo y luz fluorescente, crea una atmósfera tensa, húmeda y claustrofóbica de custodia, vigilancia y autoridad.