Creado por: Gayon
26 días
Una fotografía hiperrealista y cinematográfica tomada en el amplio vestíbulo de salida del Museo Egipcio de El Cairo, finales de los años 30. La luz dorada del atardecer entra por las altas ventanas, creando sombras largas y elegantes sobre el suelo de mármol.
Errol Flynn y el guardia egipcio están frente a frente, muy cerca, despidiéndose. Ambos siguen completamente desnudos, perfectamente limpios, secos, perfumados y peinados con brillantina. Sus cuerpos musculosos brillan con un leve aceite. Llevan puestas todas las joyas reales faraónicas: collares anchos de oro con lapislázuli y turquesa, pectorales pesados y gruesos brazaletes que relucen con los últimos rayos de sol.
Las pollas están reconstruidas a la perfección: la de Errol Flynn es una verga de 24 cm, gruesa, recta, con venas elegantes y un glande grande, suave y rosado-morado perfectamente formado. La del guardia, de 19 cm, es oscura, gruesa, con un glande ancho y bien definido de tono violáceo, simétrica y poderosa. Ambas cuelgan pesadas y semierectas entre sus muslos, balanceándose ligeramente.
Errol tiene una mano apoyada en el hombro del guardia y lo mira directamente a los ojos con esa expresión arrogante y superior tan característica suya. El guardia, con su nariz aguileña bien definida y rostro de marcado aspecto faraónico, lo observa con una mezcla de sumisión, deseo y tristeza por la despedida. Sus cuerpos están tan cerca que sus pollas casi se rozan. El guardia tiene la mano derecha ligeramente levantada, como si estuviera a punto de tocar el pecho de Errol por última vez.
El ambiente es intenso, cargado de tensión sexual y cierta melancolía. Detrás de ellos se ven las grandes columnas y vitrinas del museo, con estatuas colosales del Imperio Nuevo vigilando la escena.
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Errol Flynn aprieta con fuerza el hombro del guardia, mirándolo desde su altura con esa sonrisa canalla y arrogante. El guardia traga saliva, visiblemente afectado, su polla perfecta palpitando ligeramente mientras se miran a los ojos por última vez.
—Ha sido… un placer guiarte, señor —murmura el guardia con voz ronca.
Errol no dice nada. Solo inclina ligeramente la cabeza, roza con los nudillos la mandíbula del guardia y, tras unos segundos más de silencio cargado, se da la vuelta con elegancia. Su polla gruesa se balancea con el movimiento mientras comienza a caminar hacia la salida del museo, desnudo, enjoyado y con la misma superioridad con la que ha recorrido todo el edificio.
El guardia se queda parado en medio del vestíbulo, observándolo marchar, con la respiración agitada y la mirada clavada en su espalda ancha y en su culo perfecto hasta que Errol desaparece por la puerta principal.
La despedida ha sido breve, fría y cargada de deseo insatisfecho.
¿Quieres que Errol salga a la calle todavía con las joyas puestas, que vuelva al hotel, o que el guardia lo siga discretamente? Dime cómo quieres continuar.