Dos bailarinas con cabeza de chihuahua posan sentadas de forma simétrica en sillas barrocas doradas, vestidas con tutús rosas, corsés decorados, medias claras y zapatillas de ballet de satén, dentro de un escenario teatral y palaciego. Entre ellas, un gran perro San Bernardo con torso y brazos humanos musculosos se apoya sobre una mesa cubierta por un enorme plato de espaguetis con albóndigas, con la pasta desbordándose hasta el suelo de mármol. El ambiente tiene un estilo surrealista y pictórico, con cortinas de terciopelo rojo, adornos dorados, iluminación dramática y composición clásica, mezclando retrato aristocrático, fantasía animal antropomórfica, ballet y banquete italiano en una escena extraña y elegante.