Dos hombres desnudos posan en una iglesia entre bancos de madera y vidrieras de colores, en una escena de fuerte carga física y sexual. Uno de ellos, calvo, musculoso y con tatuajes en el brazo, está de pie sujetando al otro hombre doblado sobre su cuerpo, con una pierna levantada y apoyada cerca de su hombro. Ambos llevan zapatillas blancas y calcetines deportivos, mientras sus penes y testículos quedan visibles por la desnudez y la postura. La arquitectura religiosa, con nave central, arcos, suelo de piedra y luz filtrada por las vidrieras, contrasta con la composición explícita, atlética y provocadora de los cuerpos masculinos.