Un hombre mayor con el torso desnudo está sentado en el borde de una cama de madera, con expresión seria y cansada, vistiendo ropa interior clara y apoyando las manos sobre las rodillas; a su lado permanece de pie un hombre más joven, también descalzo y sin camiseta, con calzoncillos negros ajustados, mirando hacia abajo con gesto reservado. La escena transcurre en una habitación austera y envejecida, con paredes desconchadas, suelo de madera, una ventana lateral que deja entrar luz natural suave y una cama sencilla con colchón y almohada desgastados, creando una atmósfera íntima, sobria y melancólica.