Un hombre con sudadera negra, pantalones oscuros y botas de trabajo aparece agachado dentro de un urinario público extremadamente sucio, con la cabeza inclinada y una mano apoyada cerca de la rodilla, transmitiendo cansancio, abatimiento o resignación. El espacio es estrecho y está cubierto de azulejos blancos manchados por salpicaduras marrones, suciedad incrustada y restos acumulados en paredes, suelo y el propio urinario, que presenta marcas intensas de abandono alrededor del desagüe y la porcelana. La escena tiene un aspecto insalubre, claustrofóbico y decadente, con iluminación fría y frontal que resalta la mugre, el deterioro del baño, la falta de higiene y el ambiente desagradable de un aseo público descuidado.