Un hombre extremadamente musculoso aparece inmovilizado contra una pared de ladrillo oscuro, con los brazos sujetos hacia atrás y un pesado collar metálico conectado a tubos negros alrededor del cuello y la cabeza, como en una escena de tortura o experimento industrial. Tiene la boca abierta en un grito, el rostro contraído y saliva cayéndole por la barbilla, mientras chorros de sangre manchan el muro y descienden desde el torso. Sobre el pecho desnudo lleva etiquetas identificativas y electrodos con pequeñas esferas metálicas. A ambos lados hay pantallas con gráficos y números, y en la parte inferior se ven cubos llenos de palomitas, creando un contraste inquietante entre espectáculo, violencia y estética de película de terror.