Un hombre desnudo aparece encerrado dentro de una jaula metálica oxidada en un espacio ruinoso de paredes de ladrillo blanco, con el suelo sucio cubierto de paja y restos. Está agachado y abierto de piernas, sujetándose a los barrotes mientras levanta una mano hacia arriba, con el cuerpo manchado de líquido o pintura blanca y una expresión tensa, casi teatral, con la boca abierta. La escena tiene una estética cruda de encierro, abandono y performance corporal, iluminada por una bombilla colgante y la luz fría que entra por una ventana alta; alrededor se ven pilas o abrevaderos de hormigón, humedad, moho y una fuerte distorsión de gran angular que intensifica el ambiente claustrofóbico.