Escrito por: AmoViajero
Viendo que las azotainas, reclusiones temporales y otros castigos físicos y psicológicos no daban resultado pues ya me había cancelado la cita en otras dos ocasiones durante el año y medio que llevábamos viéndonos, tenía el correctivo a aplicar bien claro en mi mente. La primera te llevas un castigo para aprender. La segunda te elevo las represalias esperando que sean las definitivas, pero una tercera amerita que el verdadero miedo se apodere de ti.
Llegué a la habitación a media tarde. El calor en la calle era insoportable pero la habitación estaba perfectamente aclimatada. Abrí el mini bar y saqué una lata de cerveza. Estaba sudado. Me olían las axilas y la zona genital. Valoré el pegarme una ducha y ponerme un traje limpio pero preferí quedarme como estaba. Dejé la chaqueta perfectamente colocada sobre el respaldo de una butaca y cogí el móvil para ordenar al perrete que viniera ipso facto.
A los 15 minutos alguien llamó a la puerta. Me dirigí a la entrada y abrí. Era el perro. Lo había conocido en una conocida aplicación un tiempo atrás. Era un niñato de 26 años. De estatura media-alta. Delgado. Con cintura de avispa. Pelo oscuro y rizado. Labios carnosos. Procedía de Venezuela. Dependiente en una conocida tienda de ropa low cost. Generalmente era complaciente y obediente pero en contadas ocasiones algo rebelde. Eso era intolerable.
Me encontré al perro esperando de pie tras la puerta ¿Qué falta de respeto era esa? Le tenía enseñado que debía estar de rodillas cuando abriera. Lo agarré de su pelo rizado y tiré con fuerza hacia abajo. Se arrodilló sin oponer resistencia. Al exponerle mi enfado por el plantón del día anterior y por no encontrármelo en posición al abrir la puerta me salió con excusas baratas. Que si una amiga suya lo necesitaba… que si se había cruzado con alguien en el pasillo del hotel… ¡No me interesaban sus patéticas excusas! Le crucé la cara y se calló. Le tenía dicho que no quería oír explicaciones. Que no quería escucharlo. Que tenía prohibido hablar. Si fallas te castigo. Si fallas me las pagas. Si fallas me lo compensas.Punto.
Lo mandé desnudarse. Llevaba uno de los suspensorios que le había comprado en otra ocasión y comprobé si se había puesto la jaula. En eso me había obedecido. Le puse la correa. El perro venía de trabajar en la tienda por lo que tiré de la correa hasta meterlo en la ducha. Le puse el agua helada. Fuera hacía un calor insoportable por lo que lo pensé mejor y le puse el agua bien caliente. El perro protestó. Lo callé con una colleja. El perro abrió la boca. Buen chico. Abrí la bragueta de mi traje y me la saqué. La coloqué delante...
El castigo. 1 de 3.
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