Escrito por: minto
Sánchez no se limitó a usarlo. Empezó a estudiarlo con la misma dedicación cruel con la que un carnicero estudia un corte de carne antes de despiezarlo. Quería saber exactamente qué lo rompía, qué lo mantenía entero, qué lo hacía temblar de miedo y qué lo hacía suplicar en voz baja y rota. En el gimnasio, frente a los clientes, seguían siendo entrenador y alumno. En la casa de campo, las reglas eran otras, más antiguas, más sucias y más absolutas.
Le enseñó posturas hasta el agotamiento. Cómo arrodillarse con la espalda perfectamente recta y las manos en la posición correcta durante horas. Cómo ofrecer la boca sin que se lo pidieran, abierta y lista. Cómo mantener la mirada baja incluso cuando el deseo lo consumía por dentro y el pene le goteaba. Vince a veces lo ayudaba: le mostraba cómo respirar durante un azote prolongado para no desmayarse, cómo relajar el cuerpo para aceptar una penetración profunda y sostenida sin romperse del todo, cómo limpiar el semen de otro esclavo con la lengua sin que se lo ordenaran. Otras veces simplemente lo miraba con una mezcla de comprensión y deseo, como quien reconoce a alguien que está siendo destrozado exactamente igual que él fue destrozado años atrás.
Una noche, Sánchez lo llevó al sótano. La habitación era de paredes de piedra fría y húmeda, con anillas de metal fijadas al techo y al suelo. Lo ató de pie, con los brazos encima de la cabeza y las piernas separadas por una barra de metal que no permitía cerrarlas ni un centímetro. Le introdujo un plug grueso y pesado que lo abría hasta el límite, le colocó un vibrador de baja intensidad, pero constante contra el perineo y le dejó una venda gruesa en los ojos.
—Vas a quedarte así hasta que yo decida —dijo Sánchez con voz calmada y cruel—. No puedes correrte. No puedes pedir que pare. Solo puedes esperar, sentir y romperte despacio.
Las horas se estiraron hasta volverse una tortura mental. El vibrador no se detenía. El plug lo mantenía abierto y consciente de su propio cuerpo de una forma casi insoportable. Cuando Sánchez regresó, Gustavo estaba temblando sin control, con el pene hinchado, morado y goteando, la respiración entrecortada y lágrimas secas y nuevas en las mejillas. Sánchez le quitó la venda, le escupió en la cara y lo folló sin más preparación, con movimientos lentos, profundos y deliberados, mientras le hablaba al oído con una voz casi íntima y asquerosamente posesiva:
—Tú no eres un hombre libre, Gustavo. Eres carne. Eres un agujero con músculos. Eres mercancía que todavía no se ha dado cuenta del todo. Yo voy a asegurarme de que lo entiendas. Y cuando lo entiendas, ya no va a quedar nada de ti que no sea mío.
Cada embestida era una lección. Cada negación de orgasmo, una forma de reescribirlo desde dentro. Cuando por fin le permitió correrme, Gustavo lo hizo con un grito ahogado y roto, el cuerpo convulsionando contra las cuerdas, la mente en blanco durante varios segundos largos y sucios.
A partir ...
Capítulo III – La obsesión de Sánchez
Xtudr és el xat per a gais fetitxistes definitiu. Troba fàcilment milers de nois de la teva ciutat que comparteixen els teus mateixos gustos i gaudeix enviant i rebent missatges eròtics en directe.
La xarxa nº1 de trobades entre nois us ofereix una experiència ràpida, fàcil, i divertida amb la qual podreu conèixer molta gent nova com minto.
Amb Xtudr podràs:
- Crear un perfil amb les teves fotos i afegir les teves preferències.
- Veure els perfils i fotografies d'altres usuaris.
- Enviar i rebre missatges sense límits.
- Utilitzar els filtres de cerca per trobar la teva mitja taronja.
- Enviar i rebre Taps als que més t'agraden.
Registra't a l'app fetitxista i BDSM més popular i comença la teva aventura.
https://www.xtudr.com/ca/relatos/ver_relatos_basic/44526-chapter-iii-sanchez-s-obsession