Escrit per: Nene__21
Había seguido caminando durante horas sin prestar demasiada atención a dónde iba. La ciudad empezaba a cambiar. Los primeros comercios abrían sus puertas, los autobuses empezaban a circular con más frecuencia y algunas cafeterías comenzaban a llenarse de gente. La noche se retiraba poco a poco y, con ella, la sensación de estar escondido del resto del mundo.
Yo seguía sintiéndome exactamente igual.
Había recordado demasiado.
Su regreso, la forma en que había vuelto a entrar en mi vida y cómo, durante un tiempo, confundí aquella atención renovada con una segunda oportunidad. Después habían llegado las exigencias, la transformación de mi cuerpo, las nuevas reglas y aquella sensación cada vez más difícil de ignorar de que no me miraba como antes.
Me había convertido en algo que podía utilizar.
Y, aun así, cuando pensaba en él, seguía esperando que apareciera su nombre en la pantalla.
Eso era lo que más me dolía.
No sabía nada de él.
Ni dónde estaba, ni qué estaba haciendo, ni si pensaba siquiera en mí. Había pasado toda la noche esperando un mensaje que nunca llegó. Cada vez que sacaba el teléfono encontraba la misma pantalla vacía.
Finalmente decidí volver al hotel.
El camino de regreso se me hizo mucho más corto. Cuando entré en el vestíbulo, el recepcionista de la mañana me saludó con un gesto distraído. Subí a mi habitación y cerré la puerta detrás de mí.
Todo seguía exactamente igual que cuando me había marchado.
La cama deshecha.
La taza del café todavía sobre la mesa.
La mochila abierta junto al armario.
Me quedé unos segundos en mitad de la habitación sin saber por dónde empezar.
Después saqué la maleta.
Doblé la ropa lentamente, sin ninguna prisa. Guardé todo lo que había ido dejando desperdigado durante la noche. Era una tarea sencilla, casi mecánica, y agradecí tener algo que hacer con las manos.
De vez en cuando miraba el teléfono.
Nada.
A las siete y cuarto terminé de cerrar la maleta.
Me senté sobre ella y contemplé la habitación por última vez. Había pasado allí apenas unas horas, pero parecía que hubiera transcurrido una semana entera.
Guardé el teléfono en el bolsillo y me quedé mirando la maleta cerrada. Pensé que quizá lo mejor era marcharme, volver a casa y dejar aquella noche atrás. Pero entonces recordé la primera vez que habíamos vuelto a vernos.
Había sido yo quien viajó hasta su ciudad. Recuerdo perfectamente los nervios de la espera y la ilusión con la que llegué, convencido de que aquellos meses de distancia iban a desaparecer en cuanto pudiera tenerlo delante. Sin embargo, desde el primer momento todo fue distinto de lo que había imaginado.
Pasé prácticamente el día entero pendiente de él mientras me ignoraba. Preparé cosas para comer, ordené, hice pequeños recados y me ocupé de todo aquello que necesitaba, siempre ...
Nemo - IX -El reecuentro
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