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Hermanos (Duodécimo Capítulo)

Escrit per: MasterJuan

ahir
2711 paraules
Capítulo Duodécimo

El común de las personas se formaba un juicio erróneo sobre Blas y se dejaban llevar por sus conductas provocadoras o sus reacciones destempladas, o bien por su presumida vagancia y falta de interés, pero no todo es como se percibe, pues el muchacho exhibía una aparente desidia y falta de compromiso. Su padre pensaba que lo único que realmente le motivaba era llevarlo al límite de su paciencia, surfear, el gimnasio y las fiestas. Acertaba, pero sólo en parte: si analizaba los hechos en la vida de su hijo, podía concluir que era un joven inteligente, decidido, observador y con una fuerza de voluntad inigualable.

Aprendió a hablar inglés sin necesidad de cursos, solo observando y procesando, superó sus cursos escolares sin casi estudiar y teniendo en contra una horrible actitud y una peor disciplina. Ahora, en tres días como aprendiz en el hotel, sólo observando y escuchando atentamente a don Bernardo, ya iba entendiendo con absoluta claridad los detalles y la globalidad del negocio, que era lo imparte y distinguirlo de lo urgente, los temas prioritarios, el rol de cada empleado, los horarios, la organización, las secciones, los proveedores, el perfil de los pasajeros, etc.

Le interesó fundamentalmente la administración y gestión del hotel, sólo escuchando, sin hacer preguntas, guardando silencio, no importunando y demostrando un autocontrol excepcional. Lo hacía por genuino interés, y para ir bajando el grado de atención del jefe de seguridad en él. Con su habitual capacidad de trasgredir y probar hasta donde estirar el elástico, fue cometiendo faltas pequeñas para ir viendo que tanta atención le prestaba el jefe de seguridad: un día permanecía más rato en un  lugar, se salía de su órbita de observación. Cosas pequeñas.

Igual se mantenía la rutina de quitarle su dispositivo de castidad en las noches y luego engrillarlo, para luego liberarlo, castigarle e imponerle el dispositivo de castidad. No le molestaba, lo tenía asumido. Los castigos eran azotes, golpes de puño en abdominales, bofetadas o torturarle las tetillas. Aguantaba bien (hasta los disfrutaba) loa azotes, pero no tanto los golpes de puño en abdominales y bofetadas y derechamente mal la tortura de tetillas, pues el jefe de seguridad era un experto en aquello y literalmente les dolían por varios días luego del castigo.

Fue armando en su cabeza un mapa de los recorridos, horarios y rutinas del jefe de seguridad. No lo hacía con un fin especial, sino para estar preparado para cualquier eventualidad u oportunidad. Eso lo había resuelto desde que le falló el primer plan con su hermano Braulio para controlar a Bautista.

Y la oportunidad se le presentó justo el lunes de la próxima semana. Ese  día don Bernardo dispuso que apoyara a los recepcionistas del hotel, desde las 8 de la mañana y hasta las 17 horas. ya había estudiado los movimientos de esa sección  y ese día estaba ...

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Hermanos (Duodécimo Capítulo)

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