Escrito por: josema
935 palabras
Cuando Salvador entró a la sala, Héctor ya estaba desnudo y sentado en la camilla que había en el centro de la estancia.
Salvador quedó verdaderamente impresionado por el aspecto físico de Héctor. No era habitual para él, tener a tíos como ese al alcance de su mano, y mucho menos tener por delante la tarea de depilarlos durante las próximas horas.
Bien, dijo, tengo instrucciones concretas de lo que "el cliente" ha ordenado sobre ti. Voy a hacerte una depilación integral del cuello para abajo, con una sorpresa final.
A ver, continuó con autoridad. Túmbate boca arriba que inspeccione lo que tenemos que hacer.
Con un puntero fue señalando los puntos a tratar. Vamos a ver, axilas, algo en el pecho también, algo en los brazos, pelvis, huevos y polla, piernas...... a ver, date la vuelta.... y culo, concluyó. Esa raja necesita un buen vaciado.
Empezaremos por lo fácil y terminaremos por lo mas complicado.
A ver, sube los brazos, haremos primero las axilas......
Pero ¿esto cuanto cuesta? ¿Cuanto hay que pagar? preguntó Héctor.
Nada legionario, nada. El cliente ya ha pagado por todo.
Así pues Salvador fue rasurando todo el pelo de axilas, del pecho, del centro de los abdominales.... hasta llegar a la pelvis.
Aquí hay un buen matojo, dijo, apartando la polla semierecta con tanto toqueteo.
A ver, vamos a por la pelvis, y luego subes las piernas todo lo que puedas para tener mejor acceso a la raja del culo. Esto es lo mas complicado.
Héctor, sin ningún esfuerzo subió las piernas por delante, sujetándolas después con los brazos, hasta casi colocarlas detrás de sus antebrazos. Tenía mucha flexibilidad tras tantos años de entrenamiento, pero no era consciente del nivel de exposición física que estaba ofreciéndole a Salvador, que ya sudaba por todos sus poros ante tal espectáculo.
Un tío ya de por si impresionante, en esa postura, mostrando con total tranquilidad polla y huevos y con el culo abierto dejando a la vista un ojete cerrado de macho virgen.
Muy bien, mantén esta postura mientras te enjabono y afeito, Héctor, alcanzó a decir, rojo como un tomate.
Tras terminar con esa zona, le hizo darse la vuelta y ponerse culo en pompa para rematar el afeitado de la raja.
Héctor, ajeno a los deseos que podía despertar en otro hombre, y acostumbrado a estar en pelotas entre colegas y compañeros del cuartel fue adoptando las posturas que le ordenaba sin mostrar ningún tipo de pudor. Sin ocultar ni un solo centímetro de su anatomía mientras le afeitaban.
Muy bien, Héctor, así me gusta. Ya estás sin un pelo en todo el cuerpo.
Ahora voy a inmovilizarte con unas bridas. Pon las manos a la espalda y los tobillos cruzados.
¿Que? Espera, espera, reaccionó Héctor. ¿Como que inmovilizarme? ¿Con que motivo?
...
HECTOR EL LEGIONARIO ----- CUATRO
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