Escrit per: Bi_e_l
659 paraules
Después de la subasta digital con AmoVirtual42, donde la pantalla había amplificado el morbo, pero diluido el calor humano, sentí que necesitaba algo más lento, más sabio. Las experiencias anteriores me habían llevado a extremos físicos y riesgos públicos, pero ahora buscaba profundidad en la experiencia, en la calma que solo da el tiempo. En un foro BDSM privado de Barcelona, encontré "El Círculo de Veteranos": un grupo de cinco hombres mayores de 50, todos con décadas de vida sexual a cuestas, que buscaban sumisos jóvenes para sesiones controladas, sin prisas. "No buscamos cantidad, buscamos calidad. Prácticas lentas, intensas. Dobles penetraciones, mamadas profundas. Consenso absoluto". Chateamos en grupo: límites claros (palabra "rojo", condones para penetración, aftercare extenso), pruebas de salud compartidas. El taboo era la diferencia de edad: yo, 28, rodeado de cuerpos maduros, pollas experimentadas que sabían lo que hacían sin necesidad de brutalidad. El riesgo era emocional –sentirme como un juguete generacional–, pero el morbo de su sabiduría me atraía. Quedamos en una casa discreta en las afueras, un chalet con sótano acondicionado: luces cálidas, camas grandes, lubricantes premium.
Llegué un sábado tarde, nervioso pero intrigado. Me recibieron con vino y charla: Joan (55, canoso y elegante), Pere (58, barrigón y risueño), Miquel (52, delgado y dominante), Lluís (60, el más mayor, voz grave) y Toni (53, tatuado y paternal). Todos con arrugas que contaban historias, cuerpos que no eran de gimnasio pero sí de vida. "Relájate, chico. Aquí no corremos", dijo Joan, el líder. Me desnudaron despacio, besos suaves, manos expertas explorando sin prisa. Me tumbaron en la cama central, arrodillado primero para mamadas colectivas.
Sus pollas eran experimentadas: no monstruos juveniles, sino vergas maduras, venosas, con cabezas sabias que respondían a cada lamida. Alternaba: chupaba la de Pere, gruesa y curvada, mientras pajeaba la de Miquel, recta y dura. "Lento, chico... siente el sabor de la edad", murmuraba Lluís, empujando suave en mi garganta. Practicaban lentas, pero intensas: uno me follaba la boca profundo, sin prisa, mientras otro lamía mis huevos. El ritmo era hipnótico, gemidos bajos, sin gritos. Toni me susurraba: "Traga despacio, disfruta". Tragué precum acumulado, salado con regusto a experiencia.
Pasamos a penetraciones: me pusieron a cuatro, lubricante espeso calentado en manos. Joan entró primero, lento, centímetro a centímetro, tocando próstata con precisión quirúrgica. "Respira, chico... abre para nosotros". El dolor era controlado, placer creciente. Cambiaban sin apuro: cada uno follándome unos minutos, saliendo para que el siguiente entrara caliente. Intensidad en la lentitud: dobles penetraciones empezaron con cuidado –Joan y Pere juntos, estirándome al límite, condones crujiendo, lubricante chorreando. El ardor era intenso, fuego que ...