Escrit per: Bi_e_l
690 paraules
Después del trío con David y Miguel, donde me había sentido como un intruso deseado en su matrimonio, un vacío sutil se instaló en mí. Ese lazo emocional, aunque tabú, me había hecho echar de menos algo más impersonal, más primitivo. Quería perderme, escapar de mi identidad por una noche, ser solo un cuerpo en la oscuridad. En las apps y foros underground de Barcelona, encontré menciones a "La Fiesta Ciega": una party de sexo anónimo en un warehouse del Poblenou, máscaras obligatorias, luces bajas, reglas claras –consenso verbal, condones en mesas, palabra "rojo" para parar–. El riesgo era alto: desconocidos totales, posibles fetiches sorpresa, el taboo de entregarse sin caras ni nombres. Chateé con el organizador: "Ven solo, desnudo bajo la ropa, máscara en la entrada". El morbo me consumía; sería mi escape definitivo de Mateo, el diseñador gráfico con traumas familiares. Llegué un viernes noche, corazón latiendo, polla ya medio dura bajo los vaqueros.
El warehouse estaba oculto detrás de un garaje abandonado, música techno sorda filtrándose. En la puerta, un tipo me dio una máscara negra que cubría ojos y nariz, dejando la boca libre. "Desnúdate en el vestuario, nada de móviles". Obedecí: me quité todo, dejando la ropa en una taquilla, y entré al salón principal. Oscuridad casi total, solo luces rojas tenues en las esquinas, siluetas moviéndose como sombras. Olor a sudor, lubricante y semen en el aire. Cuerpos desnudos por todos lados: altos, bajos, peludos, depilados. Nadie hablaba; solo gemidos, resoplidos, el sonido húmedo de carne contra carne.
Me acerqué al centro, donde había colchonetas y slings. Manos anónimas me tocaron primero: una en el pecho, otra en el culo. Me arrodillé instintivamente, y una polla asomó delante de mi máscara. La mamé sin ver nada: gruesa, venosa, empujando hondo. Otro se unió: follándome la boca por turnos, babas chorreando. El anonimato me liberaba; no era Mateo, era un agujero. Sorpresas empezaron: una polla extrema, de al menos 25 cm, que me estiró la garganta hasta las arcadas. Tosí, pero seguí, el morbo del tamaño desconocido poniéndome burro. Otro fetiche sorpresa: edging. Un tipo me pajeó despacio mientras mamaba a un tercero, parando cada vez que estaba al borde, susurrando "Aún no, puta". Me dejó temblando, la polla goteando, sin correrse.
Me levantaron, me pusieron a cuatro en una colchoneta. Folladas anónimas: uno detrás, embistiendo mi culo lubricado (condón crujiendo), mientras otro me follaba la boca. Cambiaban sin palabras, pollas de todos tamaños –una delgada y larga que tocaba fondo, otra gorda que me abría como un puño–. Una sorpresa: un tipo con plug en el culo me folló mientras gemía alto, su vibración transmitiéndose a mí. Otro edging: me follaron al borde, parando, dejando mi próstata latiendo. Gemí como una perra, perdido en la oscuridad, máscaras rozando mi piel.
El clímax fue un círculo: me tum...
Capítulo 5: La Noche de los Extraños
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