Un hombre maduro con barba blanca se hace un selfi frente a un espejo, vestido con un ajustado traje negro brillante de látex o vinilo que cubre el torso, los brazos y las piernas, marcando una estética fetichista y ceñida al cuerpo. Lleva una máscara negra tipo pasamontañas con aberturas para los ojos y la boca, dejando visible parte del rostro y el bigote. Sostiene un móvil rojo con ambas manos, en las que se aprecian tatuajes y anillos. El entorno parece un probador o habitación sencilla, con paredes grises, cortina lateral, suelo de madera y una iluminación fría que resalta el brillo del material negro y las botas oscuras.