Creat per: Gayon
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A hyper-realistic, photorealistic full-body photograph with absolute anatomical perfection and zero deformations. Inside the daily life gallery of the Egyptian Museum in Cairo, late 1930s. Warm golden sunlight streams dramatically through tall arched windows, illuminating dust particles and creating soft cinematic highlights on skin and glass. Two extremely masculine, impeccably groomed and handsome naked men walk slowly hand in hand through the hall.
Errol Flynn (30 years old, 1.86 m, 80 kg of dense sculpted muscle at 6% body fat) has jet-black hair perfectly slicked back with brilliantine in a marked wave to the right, small mature hairline, and an ultrafine, razor-sharp horizontal black pencil mustache. His face is arrogant and commanding, with deep almost black eyes. Smooth powerful torso, carved eight-pack, sharp Apollo’s belt, vascular arms and thick muscular thighs. His heavy 20 cm cock hangs thick, clean and perfectly shaped between his legs. Skin dry, lightly scented with masculine sandalwood, cedar and leather perfume.
The 35-year-old Egyptian guard walks right beside him, holding his hand firmly. He has a very Egyptian appearance: strong dark olive skin, prominent aquiline nose, thick neatly trimmed black mustache, short hair combed with brilliantine. Muscular body, heavy dark 19 cm cock hanging relaxed. Both men look fresh, elegant, very macho and commanding after their shower.
They stand in front of a large, well-lit vitrine displaying ancient Egyptian cosmetics: small alabaster and faience jars for oils and ointments, sticks and applicators for kohl, bronze hand mirrors with lotus-shaped handles, ivory and wooden combs, bronze tweezers, spoons for mixing perfumes, and small containers of galena-based kohl.
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El guardia, con su marcado aspecto egipcio y nariz aguileña bien definida, no suelta en ningún momento la mano de Errol Flynn. Sus dedos permanecen entrelazados mientras los dos hombres, desnudos, perfumados y con el pelo impecable gracias a la brillantina, siguen caminando con paso tranquilo y arrogante por la sala dedicada a la vida cotidiana.
—Mucha gente solo viene a ver a los faraones y los tesoros de oro —dice el guardia con voz grave y profunda, mirando de reojo el perfil perfecto de Errol—. Pero una de las partes más interesantes del museo es cómo vivía realmente la gente normal. Mira los cosméticos.
Se detienen frente a una vitrina grande y bien iluminada. Dentro hay decenas de objetos originales: frascos de alabastro y fayenza para aceites y ungüentos perfumados, palitos y aplicadores de kohl, espejos de bronce con mangos en forma de loto, peines de marfil y madera, pinzas de bronce para depilar, cucharitas para mezclar perfumes y pequeños recipientes de galena con la que se preparaba el kohl.
—Tanto hombres como mujeres usaban kohl alrededor de los ojos —continúa el guardia, apretando ligeramente la mano de Errol—. No solo por estética, sino porque protegía los ojos del sol fuerte del desierto y tenía propiedades antibacterianas que prevenían infecciones. Lo mezclaban con grasa o aceites. También usaban aceites perfumados para la piel, ungüentos y hasta coloretes. Los espejos de bronce y los peines de marfil eran objetos de lujo. Estos cosméticos se ponían también en las tumbas para que el difunto pudiera seguir arreglándose en la otra vida.
Errol Flynn observa la vitrina con esa expresión superior y ligeramente divertida, su polla gruesa balanceándose suavemente entre sus muslos musculosos mientras se acerca un poco más al cristal. El guardia, pegado a su lado, no puede evitar admirar el torso lampiño, el bigote ultrafino y la mandíbula marcada de Errol.
Los dos cuerpos machos, desnudos y perfumados contrastan de forma brutal con aquellos objetos humildes y refinados de hace cuatro mil años.
¿Quieres que el guardia siga explicando más detalles sobre los cosméticos o que pasen ya a otro tipo de objetos cotidianos (ropa de lino, muebles, herramientas de cocina…)? Dime cómo continúas.