Imperio azteca, en un altar de piedra junto a la pirámide del Sol, al norte de Tenotichtlán, un hombre castellano, blanco, muy bello y desnudo yace sobre la piedra junto a la pirámide, un guerrero azteca semidesnudo lo va a sacrificar en un ritual sagrado clavando un cuchillo en el pecho del hombre blanco, la multitud enfervorizada aclama a los dioses. Luce el sol.
Un hombre desnudo yace boca arriba sobre una plataforma de piedra, con el cuerpo iluminado por el sol y el pene visible, mientras otro hombre también desnudo, con tocado rojo de plumas, barba y collares, permanece de pie a su lado en una actitud ceremonial. Al fondo se alza una gran pirámide escalonada de estilo mesoamericano, con turistas o participantes desnudos reunidos alrededor y subiendo por la escalinata central. La escena transmite un ambiente ritual al aire libre, con luz intensa, cielo despejado, arquitectura arqueológica, cuerpos masculinos desnudos y una composición dramática que evoca sacrificio, ceremonia ancestral y espectáculo colectivo.