Creado por: danimen
4h
El tipo árabe está repantigado en el sofá como si el salón entero le perteneciera. Piernas abiertas, torso desnudo y brillante de sudor, los tatuajes negros serpenteando por sus brazos y muslos gruesos. Tiene esa cara de cabrón tranquilo, cejas espesas, barba cuidada y una mirada que dice que sabe exactamente el poder que tiene.
Sus pies enormes descansan sobre la mesa de madera, tan cerca que casi tocan la cara del hombre que está de rodillas en el suelo. El pie izquierdo, grande, venoso, con la planta rosada y callosa, está plantado justo delante de ti. El derecho, ligeramente ladeado, muestra la suela sucia y el tamaño brutal de sus dedos. Entre esos dos pies, de pie sobre la mesa como si fuera un escenario, hay un hombre diminuto. Un tipo perfectamente musculado, de unos veinte centímetros, completamente desnudo salvo por unos bóxers negros con detalles naranjas. Mira hacia arriba con cara de resignación y excitación, rodeado por la sombra de esos pies gigantes.
El árabe mueve lentamente los dedos del pie izquierdo, haciendo crujir la madera. El pequeño se tambalea un poco pero no se mueve del sitio.
—Mírate —dice el árabe con voz grave y acento marcado—. Tan grande en el gimnasio, tan cachas en las fotos… y ahora eres un puto juguete entre mis pies. Un árabe de verdad te ha reducido a esto.
Se ríe bajito, profundo, y flexiona los dedos otra vez. El pie derecho se acerca un poco más, casi rozando la cabeza del diminuto con la parte interna del dedo gordo. El olor a sudor, a cuero y a hombre que lleva todo el día con las zapatillas puestas llena el aire.
El pequeño levanta la vista. Desde ahí abajo ve las plantas de los pies enormes, las venas que recorren los empeines, el vello negro que sube por los tobillos y se pierde en las piernas tatuadas. Ve también el bulto que se marca bajo el bañador del árabe, grueso y pesado, descansando entre esos muslos como troncos.
El árabe se acomoda mejor en el sofá, cruza los brazos detrás de la cabeza y sonríe con superioridad.
—Hoy vas a empezar por lamer entre los dedos, enano. Y no pares hasta que te diga. Después ya veremos si te meto debajo de mi pie entero o si te subo a mi polla para que te frotes como la puta hormiga que eres.
El diminuto traga saliva. Los pies del árabe se mueven otra vez, lentos, amenazantes, rodeándolo completamente.